Se da en todas las disciplinas. Dos polos opuestos que se atraen y producen resultados, juntos y en equilibrio, pese a tener roces y desacuerdos. El automovilismo no es la excepción.

Históricamente ha habido muchas rivalidades dentro del mundo de la Fórmula 1.

Hacia los inicios, tan sólo en 1950, Alfa Romeo contó con seis pilotos como Giuseppe Nino Farina, el primer monarca del mundo, y Juan Manuel Fangio.

Por otro lado, en un solo campeonato Ferrari llegó a registrar hasta siete corredores diferentes. Tres o cuatro corrían en cada justa, se prestaban los autos, cambiaban a media carrera. La tolerancia era casi absoluta.

Para la década de 1960 nacen el jetset y los playboys. Los corredores se transforman en algo semejante a estrellas incipientes del cine y con ello, había mucho en juego adicional al prestigio del deporte.

La inglesa Cooper registra a siete corredores, entre ellos, Jack Brabham y Bruce McLaren. Mientras tanto, Ferrari cuenta con cerca de una decena de pilotos, destacando los hermanos Rodríguez, Pedro y Ricardo. Lotus, por su parte, tenía a 12 detrás del volante, encabezados por Jim Clark.

El piloto británico Stirling Moss llegó a ser compañero de hasta 32 coequiperos.

Con lo anterior, queda claro que, en un inicio, las disputas dentro de los equipos se hacían pequeñas entre tantos nombres. Se mimetizaban las envidias, dentro de un espíritu de competencia pura.

Avanzamos un par de décadas en el tiempo, y con los años 80 llega la evolución de la F1 a un gran negocio con jugosos patrocinios y considerables ingresos para los protagonistas, así como para sus representantes y preparadores. Queda “atrás el fair play y se imponen las codicias con un surtido rico de golpes bajos,

Dentro de Ferrari se vivió una de las luchas más feroces entre un dúo del mismo pit. El conflicto terminó con la muerte de Gilles Villenueve y poco después, con un accidente brutal de Didier Pironí.

La pareja de pilotos más complicada de siempre, se formó años después, entre 1988 y 1989, dentro de McLaren con Ayrton Senna y Alain Prost, dos pilotos de lo más destacado que ha habido jamás. Al final de sus carreras el francés obtuvo mejores resultados por encima del corredor brasileño quien, pese a ello, se convirtió en una leyenda y uno de los más queridos por la afición.